La iglesia local

Empezamos hoy una nueva serie de lecciones. Debido a que una de nuestras tareas como Iglesia es la de ser iglesia, debemos saber lo que es la Iglesia. La Biblia contiene mucha información sobre el asunto y en base a ella los teólogos han escrito muchos y gruesos tomos sobre la Iglesia. Y, desde luego, muchos de ellos son dignos de ser leídos.  En estas lecciones no vamos hacer un estudio tan profundo, ni pretendemos hacer un estudio exhaustivo del tema. Vamos a hablar solamente de la Iglesia local, o sea, la manifestación de la Iglesia en sus congregaciones particulares, a fin de que podamos poner en práctica lo que aprendamos.

La base de nuestro estudio, desde luego, es la Biblia. Lo que ella nos dice es la autoridad máxima, ya que es la Palabra de Dios. Dios mismo nos habla y nos instruye en ella. Como Iglesia Presbiteriana hemos dicho que creemos que los credos que hemos adoptado como nuestros –o sea, los credos ecuménicos (Apostólico, Niceno, Atanasio) y los credos de la Reforma religiosa del siglo XVI, especialmente los Catecismos de Westminster y de Heidelberg y la Confesión de Fe de Westminster– resumen correctamente las enseñanzas de las Escrituras, y, aunque no están al mismo nivel que la Biblia ni son del mismo valor, son dignos de guiar nuestro pensamiento. Usamos también la Constitución de la Iglesia Presbiteriana, que es un convenio entre Iglesias de cómo nos vamos a gobernar. Representa el concepto presbiteriano del gobierno de la Iglesia. Es precisamente un convenio; no tiene la autoridad de la Biblia, ni aun la de los Credos, pero sí representa nuestra solemne palabra que hemos empeñado en convenio con otras Iglesias. Representa la experiencia de la historia y la sabiduría de nuestros hermanos. La tenemos que tomar en serio.

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